Ya sabemos que los reyes no pueden votar, aunque saberlo no quiere decir que nos parezca bien a muchos. Ya sabemos que en el ejercicio de sus funciones, que son muchas y difíciles, hay que saber hacer, estar, decir, callar y sonreír sin pensar si aquello te ‘va’ personalmente o no. Pero ya sería el colmo si la Reina, como persona, como mujer, no pudiera manifestar coloquialmente su opinión como madre, abuela o persona. Sería demasiado que no pudiera opinar sobre la familia. Los criticones son unos retorcidos que se rasgan las vestiduras porque una mujer dice lo que piensa.