Por un enfoque metropolitano

Jordi Jaria - 23/11/2008 17:48
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La aprobación inicial del Plan General de Ordenación Urbana ha devuelto la paz social a una ciudad que necesitaba quitarse de encima el peso de una historia reciente de 556 días de incertidumbre. El viernes se escenificó en el Ayuntamiento, de forma unánime, el fin de esta era, que en nada ha ayudado a romper la sensación de inactividad administrativa que empieza a extenderse.
El modelo seguido por el equipo de gobierno para curar las heridas creadas hace 18 meses se ha basado en el diálogo y los acuerdos con los vecinos, justamente lo contrario de lo que ocurrió en la etapa política anterior. Es, al fin y al cabo, la razón de ser última que explica la función de un Ayuntamiento. El diálogo puede dar más credibilidad a las acciones de gobierno, sí, pero, aviso para el futuro, nunca podrán esperarse apoyos unánimes cuando se trata de tomar difíciles decisiones .
La situación se reconduce ahora pero no sería justo avanzar sin rendir homenaje a los cientos de personas que han vivido con angustia la andadura del Plan. Hoy sabemos que sus casas no se demolerán pero el daño emocional y moral que sufrieron esas personas, muchas de ellas de avanzada edad, es ya irreparable. A la soledad, indignación e impotencia con la que vivieron aquellos  primeros momentos del proyecto de operación urbanística habría que añadir la tibia reacción de solidaridad ciudadana que se produjo fuera de los barrios afectados.
Pero hay que mirar al futuro, o ese es el mensaje que nos trasladan nuestros gobernantes. El equipo que dirige el alcalde Ballesteros, y también la oposición, tienen a partir de ahora la oportunidad de construir un consenso real sobre cómo empezar a aplicar, a la espera de su aprobación definitiva, las directrices del Plan General.
El modelo que se dibuja está claro. Vertebrar, comunicar mejor la ciudad, rompiendo la separación histórica entre Ponent y Llevant, y usando para ello un gran eje central que será el río Francolí. Todo esto producirá más cohesión social, reforzada con políticas activas de construcción de viviendas de protección oficial y equipamientos. La idea se sustentará sobre otro pilar básico: la defensa de los grandes espacios naturales.
Pero, más allá de este discurso de las grandes palabras, Tarragona necesita, ahora más que nunca, que las cosas, por pequeñas que puedan parecer, empiecen a hacerse. Sólo dos ejemplos, el primero, las llamadas “puertas” de la ciudad, es decir, la Vía Augusta, las antiguas carreteras de Reus, Valencia y Valls. Mucho debería de hacerse ya aquí para convertirlas plenamente en tramos urbanos. En el caso de la de Valls, cobra aún más importancia anticiparse al futuro porque la apertura de El Corte Inglés en el nuevo centro de la ciudad, y todo lo que comportará en cuanto a tráfico de vehículos, está a la vuelta de la esquina.
Segundo ejemplo: la ciudad de los 185.000 habitantes a la que nos dirigimos se la juega, también, en el capítulo pendiente de las comunicaciones y los transportes. Sólo desde la innegable realidad metropolitana del Camp, con la fuerza de todos los municipios implicados, podrán resolverse los problemas de infraestructuras que impiden más avances económicos y más bienestar. Por eso, el POUM apuesta por los trenes ligeros o tranvías que deberán vertebrar este territorio.
Eso es el futuro, pero antes de que esos proyectos se materialicen, - y aquí ya estamos acostumbrados a las eternidades- de momento habrá que seguir batallando, por ejemplo, para “reparar” de una vez el gran desastre de la ubicación de la estación del AVE. Es la estación metropolitana de la alta velocidad, no la estación de una ciudad u otra y, desde este punto de vista, no pueden entenderse cosas como que no exista una red pública de autobuses, con una frecuencia de horarios homologable, ni una zona “civilizada” de aparcamiento libre, ni una organización del transporte por taxi definitivamente resuelta.
Son acciones “globales” –como la del billete único de transporte- que interesan al Ayuntamiento, a la ciudad, abocada a alianzas estratégicas externas sin las cuales los Planes Generales “internos” no tendrían sentido.  





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