Antoni Coll -
03/09/2008 11:08
Durante agosto la prensa inglesa contemplaba que Cristiano Ronaldo acabaría jugando en el Madrid y Robinho, en el Chelsea. Al fin, ni uno jugará a orillas del Manzanares ni el otro en un barrio de Londres, sino los dos en Manchester. Ronaldo en su equipo, el Manchester United, y Robinho en su modesto competidor, el Manchester City.
Me interesó la relación triangular entre un jugador, su equipo y el mercado. El Madrid quiso comprar a Ronaldo, considerado el mejor del mundo, y, para tener parte del dinero, estaba dispuesto a vender a Robinho, el cual, molesto por esta situación se enfadó con su equipo.
Una vez descartado el fichaje de Ronaldo, el Madrid se quedó con un Robinho enfadado. Y como no hay nada peor que un trabajador bueno pero molesto, acabó vendiéndolo.
La propiedad de una persona, al revés de la propiedad de una cosa, nunca es completa, porque no se extiende a los sentimientos. Ahora el Madrid podía hacer jugar a Robinho, pero no podía hacerle jugar con ilusión.