El Nàstic suma su quinta jornada sin ganar empatando en Murcia. Los granas debieron llevarse el triunfo, pero con 0-1 se echaron atrás y lo acabaron pagando. Además, se quedaron con diez por expulsión de Yedra y terminaron pidiendo la hora
El Nàstic empató este sábado en Murcia en otro partido en el que mostró dos caras. La de un equipo dispuesto y decidido a ganar, convencido de que es superior al rival (y ayer lo era), que sale a dominar, a atacar, y que se adelanta en el marcador. Pero también la de un equipo que cuando va por delante en el marcador no sabe gestionar su ventaja, le cede el balón y el campo al rival y comienza a defender de manera agónica, como si del tiempo de descuento se tratase, por mucho que falten más de 60 minutos de partido. El primer Nàstic se adelantó en el marcador y sacó los colores a un Murcia que se fue al descanso abucheado por su público. Pero el segundo se dejó empatar, como ya hiciera en Las Palmas. Lo del final, tras la expulsión de Lolo Yedra, merece un capítulo aparte. Ahí sí no quedaba otra que la de defender a la desesperada, y aún hubo que dar gracias a la falta de acierto local en sus varias ocasiones del último tramo de encuentro. Un tramo final que puede llevar a engaño y hacer creer que el punto es bueno. Visto el partido entero, en absoluto es así. Y vista la clasificación y la racha de cinco jornadas sin ganar, todavía menos.Saltó el equipo de César Ferrando con la sorpresa de N’Gal en la alineación, y con ese planteamiento le salió al equipo una buena primera parte. Los tarraconenses asumieron la iniciativa y emprendieron sin reparos el camino del gol. La carta N’Gal fue un recurso, con balones largos buscando la espalda de los centrales, pero el Nàstic no abusó de ella y la combinó con pasajes de toque, jugadas elaboradas con paredes y desmarques, y también con una sublime ejecución de la estrategia en ataque.El rival, como se esperaba, basó sus ofensivas en los balones largos, colgados a la frontal, con la esperanza de que Despotovic o Iván Alonso los bajaran o, en su defecto, que se crease alguna segunda jugada o sirviese para generar alguna falta. Una de ellas, botada en el 10’ por Bruno, estuvo a punto de despistar a Rubén Pérez. Pero los reflejos permitieron al meta aragonés detener el balón.
Por lo demás, el cuero era del Nàstic, que combinando sus distintas armas, dio varios avisos. El primero, un balón que recibió N’Gal en el área de espaldas a portería: logró girarse y meter el centro, pero Elía salvó justo antes de que Jandro marcase el 0-1 en el 16’. Minutos después, entre el 24’ y el 27’, tres jugadas de estrategia consecutivas (dos faltas y un saque de banda) salieron a la perfección: pero les faltó el remate. El público veía que su defensa hacía aguas y los pitos no tardaron en aparecer, lo cual inquietó aún más al equipo de Clemente.
Aunque las ocasiones no eran claras, la sensación de superioridad y peligro del Nàstic era creciente. Y el fútbol dio sus frutos en el 30’ con un jugadón colectivo. Inició Redondo, que metió para Diop. El senegalés abrió a la derecha, por donde entraba Bauzá, y el alicantino centró al segundo palo. Ahí apareció Jandro, solo, para marcar el 0-1 a placer. De tiralíneas. Golazo y justicia.
A defender muy pronto
Sin embargo, y como suele ocurrir, el Nàstic optó por desaparecer después del gol. Se encerró cómodo y agrupado atrás, esperó las pelotas bombeadas del Murcia y trató de no venirse demasiado arriba en los contraataques para no caer en un partido de ida y vuelta. Las armas locales eran las mismas, y sólo con eso no les alcanzó para inquietar a al Nàstic, que llegó al descanso por delante. El problema real era que los granas habían renunciado al balón, apenas duraba unos segundos, y quedaba mucho partido.
Lejos de mejorar, el decorado fue a peor en el arranque del segundo tiempo. El Murcia salió a morir, peleando cada balón y con un despliegue físico que desbordó al once de César Ferrando. Un balón colgado a Despotovic en el 48’ ya dejó claro de qué iba a ir la segunda parte: el serbio, solo ante Rubén, optó incomprensiblemente por intentar asistir al segundo palo en vez de rematar. Los granas se metieron atrás y cayeron en el juego de ida y vuelta que querían los locales. El equipo de Clemente robaba rápido y en dos toques ponía el balón en el área tarraconense. El agobio fue creciente.
El técnico de Barakaldo puso aún más carne en el asador con dos cambios ofensivos en el 59’ (Dialiba y De Lucas) y la cosa se puso aún más fea. Avisó Capdevila con un chut en el 61’ que salvaron Rubén y el palo, y volvió a hacerlo Mejía, rematando un córner en el primer palo ligeramente alto.
El Nàstic llevaba media hora invitando a su rival a pasar hasta la cocina, y los locales, desesperados pero crecidos en este segundo tiempo, acabaron aprovechándolo. Iván Alonso aprovechó un mal pase de Mingo en el 64’ para, desde la frontal, fusilar a Rubén con un potente disparo. Era el empate a uno.
Lo que faltaba
¿Y ahora qué? Pues como en Las Palmas. El Nàstic se sabía superior y podía volver a adelantarse. Lo demostró N’Gal sólo un minuto después, en el 65’, quedándose solo ante Elía, pero se precipitó en el remate. Y en el 67’ lo volvió a demostrar Jandro, con un chut lejano que salió rozando el poste.
Parecía que el partido podía volver a levantarse, pero llegó la jugada desgraciada. Lolo Yedra cortó una carrera de Despotovic tocando el balón con las manos, en una acción tan clara como involuntaria. Pero González González, ligeramente casero ayer (basta con ver cuántas tarjetas vio cada equipo en un choque duro por ambas partes) le sacó la segunda amarilla, dejando al Nàstic con diez y precipitando el debut (digno, por cierto) de Aimar Sagastibelza.
De ahí al final, el equipo de César Ferrando se encomendó a la suerte y a la defensa desesperada ante un asedio asfixiante. El equipo lo dio todo, pero estaba muerto y no pudo evitar varias ocasiones: un centro chut de Capdevila en el 80’ que Rubén envió a córner, otro disparo de Capdevila que salió desviado por poco en el 83’, y un balón a bocajarro que Dialiba, a placer, envió alto en el descuento. La ironía del fútbol quiso que el Nàstic, por sus propios errores, acabase pidiendo la hora en un partido que, sin dar ese paso atrás en el 30’ tras el gol de Jandro, estaba para ganarlo. Una semana menos.